Las grandes luchas estudiantiles del año 2006 lograron crear las condiciones para que un gran sector del estudiantado, catalogado por años como apático y fiel seguidor del "no toy ni ahí" del Chino Ríos, tomara conciencia que el conflicto por una educación digna era mucho más que exigir simples medidas que modificaran algunos aspectos de la institucionalidad neoliberal vigente en nuestro país. Más aún, hoy resulta evidente que la lucha es contra el sistema que regula no sólo la educación en Chile, sino que rige los aspectos de la vida de todos los sectores sociales.
Hoy es imprescindible que en nuestro país se garantice el acceso efectivo y gratuito a la educación pública en todos sus niveles, al igual que los niños y jóvenes no abandonen sus estudios por razones económicas. Esto implica una Reforma Educacional que en sus aspectos académicos y administrativos desmantele el actual sistema educacional, configurado desde los intereses del mercado y sus agentes, lo cual nos obliga a luchar contra el actual sistema capitalista "neoliberal", es decir, nos obliga a oponernos al actual modelo de sociedad puesto al servicio del imperialismo yanqui (con Mr. Danger a la cabeza) y los empresarios nacionales y extranjeros, quienes dominan y corrompen la política oficial, el gobierno y el Estado, que han convertido derechos básicos como la salud, la educación y la vivienda en una mercancía más, y cuya desmedida ambición es la causa de fondo de las injusticias que aquejan a los estudiantes y la juventud en general.
Hablamos de la juventud en general porque hay una gran cantidad de jóvenes que se encuentran privados de su derecho a la educación, a causa de las injusticias y problemas socio económicos apremiantes que los hacen desertar o ingresar prematuramente al mundo laboral donde los abusos y la explotación son el pan de cada día. Y así como el cesante sigue siendo considerado trabajador, el joven que no puede estudiar también lo consideramos un estudiante.


